martes, 12 de febrero de 2008

No me gustan los lunes.

¡Qué mal día el lunes! Bibianna se levantó muy temprano con cara de pocos amigos y David pasó toda la mañana durmiendo. Es de agradecer que mientras lo hiciera dejara el radiador puesto, porque de esa forma pude subirme a la silla de la habitación más cercana y dormir con comodidad. Lo malo es que cuando se levantó, también con mala cara, y se fue a trabajar la apagó, de forma que Cetín y yo pasamos un poco de frío. Dejé a Cetín cerca de la puerta de entrada a la casa, por si las moscas, y me aburrí sin los amos. Les llamo amos porque ellos se autoproclaman como tales, pero creo que ya se están dando cuenta de que realmente yo soy quien mando aquí. Cuando llegaron por la noche, tras mostrarle mi cariño como siempre encima de la mesa, decidí que ya estaba harta de aburrirme, todo el día sola, así que empecé a jugar con unas bolsas que había en el suelo, a morder unos cordones que había cambiado David a sus chirucas, y por supuesto, a corretear con la cola muy hinchada. ¿Por qué siempre que juego desenfrenadamente se me hincha la cola? Bueno, por suerte ya estamos a martes, y queda menos de semana. Burrup!



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